Último día en la capital de la Gironda y de Gran Aquitania. Al ser el primer domingo de mes, todas las entradas a los monumentos y museos municipales son gratuitas. Así da gusto!!!
Es algo que traíamos planificado, ya que para acceder a algunas de ellas había que reservar la víspera, y eso es lo que hicimos ayer.
Tras un paseo hasta el centro, en un día soleado, donde no había nadie por las calles, Roberto ha subido al campanario de la Catedral, la Torre Pey Berland. Susana se ha quedado con Wuki en los alrededores.
Tras subir los 233 peldaños de su escalera de caracol, se llega a la terraza a 50 m. La subida es un poco exigente pero el esfuerzo se ha visto recompensado por la excepcional vista 360º de Burdeos y sus monumentos.
A las 12 en punto, como cada primer domingo de cada mes, así como en otras 6 fechas señaladas, la Gran Campana de 7.800 kg ha empezado a sonar.
Desde aquí, un paseo tranquilo y relajante a orillas del Garona, rodeados de runners, ciclistas y paseantes, en un ambiente muy chulo.
Hemos parado, como ya hiciéramos el domingo pasado, en el Marché des Quais de Chartrons, para palpar el ambiente, aunque no hayamos comprado nada.
Y de aquí, una fugaz visita al CAPC o Museo de Arte Contemporáneo. Lo que lo hace especial al CAPC es la combinación del arte moderno con la arquitectura antigua del edificio. Y es que antiguamente se utilizaba para almacenar alimentos coloniales (azúcar de las Antillas, La Habana o Brasil, café de Martinica, granos de cacao de Guyana, las Antillas o la India, madera de tinte y vainilla de la Isla de la Reunión).
En la historia de las exposiciones del CAPC, un gran número de artistas han creado obras, in situ. Algunas de ellas son permanentemente visibles. Es el caso de un Keith Haring, cuya pintura realizada con motivo de la exposición dedicada a él en 1985 se encuentra ¡dentro de un ascensor! La pintura (un hombre-serpiente cuyo cuerpo se extiende a lo largo de dos pisos) se despliega a través de la pantalla de vidrio en la parte trasera de la cabina.
Y con esto, hemos dado por terminada la aventura con la que hemos empezado este 2025. Burdeos nos ha gustado mucho. Ahora entendemos el por qué la llaman mini-París, ya que es señorial, majestuosa, con esos edificios neoclásicos de piedra, repletos de mascarones, esculturas, balcones enrejados… qué delicia pasear sin rumbo, perderte entre callejuelas empedradas. Además, hay mucho nivel aquí. En cuestión de tiendas, gastronomía, ostras, vino…
No seríamos capaces de compararla con Toulouse (donde estuvimos el año pasado) ya que juegan ‘en otra liga’. La ciudad rosa es más recogida, sus edificios destacan por el ladrillo y los entramados de madera, su ambiente universitario, el río… nos encandiló de otra forma. Pero eso es una de las cosas buenas que tiene viajar, que te permite ponderar muchos aspectos para hacerte tu propia composición.
En fin, que ya estamos pensando (y planificando) en nuestra siguiente escapada de verano.
Seguiremos informando.